divendres, 13 de juliol de 2018

FOTO FIRMADA POR DOMINGO ORTEGA

El diestro toledano Domingo Ortega domina por bajo, característica de su concepto del toreo, al toro al que se enfrenta. A lo lejos, asoma la figura de un subalterno, por lo que se deduce que la lidia transcurre en los medios. 

'A José Dosol le dedico este recuero' son las palabras que se leen antes de la firma y rúbrica. La foto es de Rodero, cuyo estudio estaba en el número 17 de la madrileña calle de San Bernardo.

El objetauro mide 14 x 9 cms. 

divendres, 6 de juliol de 2018

FOTO FIRMADA POR NICANOR VILLALTA

El turolense Nicanor Villalta firmó la foto que protagoniza este objetauro. El autor de la instantánea fue Francisco Sebastián, que tenía su estudio en el piso 3º, 1ª del número 36 de la calle Fontonrada de Barcelona. 

'Al buen amigo y gran aficionado Carlos Díez, cariñosamente', reza la dedicatoria escrita en pluma. La fecha, 5 de julio de 1.942, coincide con una corrida celebrada en la Monumental en la que fueron lidiados  toros de Alipio Pérez Tabernero por las cuadrillas del propio Villalta, Juan Belmonte Campoy y Manolete. 

El objetauro mide 14 x 9 cms. 

divendres, 29 de juny de 2018

FOTO FIRMADA POR PACO CAMINO

El Niño Sabio de Camas ocupa el objetauro de hoy con una foto en la que aparece liado en el capote de paseo. Un rostro juvenil mira a la cámara mientras la afición, que se ha dado cita en buen número, se dispone a ocupar sus localidades. 

El objetauro mide 15 x 9 cms. 

divendres, 22 de juny de 2018

FOTO FIRMADA DE RAFAEL ORTEGA

Cano recogió el pase de pecho de Rafael Ortega y 'El Tesoro de la Isla' firmó de su puño y letra la foto con las siguientes palabras: "Para la encantadora Rosalina, con un afectuoso recuerdo".

Al dorso aparece la fecha del 6 de julio de 1952. Esa tarde, presumiblemente en la que el diestro estampó su firma, toreó en la Monumental de Barcelona ganado de Samuel Flores con Jesús Córdoba y Pepe Dominguín. El gaditano se entretuvo en cortar cuatro orejas y un rabo en un festejo al que asistieron los marinos del buque escuela argentino Puyrredón.  El objetauro mide  14 x 9 cms. 

divendres, 15 de juny de 2018

ÚLTIMO FESTEJO EN LA PLAZA DE LOS TEJARES DE CÓRDOBA

El objetauro de hoy es una entrada perteneciente a la última novillada programada en la plaza de toros de Los Tejares de Córdoba. El 18 de abril de 1.965 se acartelaron los entonces novilleros Agustín Castellanos 'El Puri', Antonio Sánchez Fuentes y José María Susoni con novillos de Enriqueta de la Cova. 

El objetauro mide 17 x 8 cms. y la imagen es la del diestro cordobés Gabriel de la Haba 'Zurito'.


divendres, 8 de juny de 2018

QUINTA PUERTA DEL PRÍNCIPE DE CURRO ROMERO

Fue el sábado 19 de abril de 1980. Curro toreó aquella tarde con José María Manzanares, que obtuvo un balance de oreja y vuelta y Espartaco, que saldó su actuación con otro apéndice y silencio. Se lidiaron toros de Carlos Núñez.

El camero le cortó las dos orejas a su primero y otra al cuarto, lo que le permitieron cruzar el umbral de la mentada puerta. 

La prensa tituló: "Palmas por sevillanas en la apoteosis de Curro" (El Correo); "El duende voló sobre el Baratillo" (Suroeste) y "Curro y Sevilla por la Puerta del Príncipe" (ABC).

El objetauro es la entrada de la corrida realizada por la imprenta Raimundo. Mide 18 cms. x 7 cms. y costó 1600 pesetas. 


divendres, 1 de juny de 2018

CUARTA PUERTA DEL PRÍNCIPE DE CURRO ROMERO

El objetauro que hoy presentamos es una entrada perteneciente al 13 de junio de 1968, Festividad del Corpus, que quedará para los anales del currismo militante como una de las salidas a hombros por la puerta del Príncipe de La Maestranza de Sevilla.



La entrada mide 15'5 cms. por 7'5, fue confeccionada en la imprenta Raimundo de la capital hispalense y costó 125 pesetas. 

La crónica,firmada por Don Celes en El Ruedo y titulada con un lacónico 'Triunfo de Curro Romero',  dice así:

" Uno de los más extraordinarios fenómenos colectivos de entusiasmo, al menos en Sevilla, es Curro Romero. Con ello no queremos restar ni un adarme a la clase de un torero en el que predominan los valores de más estimación en el juicio aficionado: elegancia, pureza, garbo y, dentro de ello, un hacer sobrio, que le exime de cualquier caída en la mera pinturería. Siempre y cuando Curro aparezca asistido de ánimo. Pero la verdad es que esta asistencia no se da con frecuencia, y que después de la Feria, con su cosecha de broncas para el camero y de toda una temporada casi catastrófica, sobre el papel, el enfrentamiento de Curro Romero con seis toros-toros de rebusco, sacados de aquí y de allá, de esta ganadería y de la otra— parece, como empresa, un despropósito. Algo, sin embargo —algo extraordinario, con raíces hondas y delicadas—, decía a la empresa y nos decía a todos, que en este momento precisamente, acaso por ser el menos indicado por los resúmenes contables, la corrida podría ser un éxito de público. Y , lo que es más importante —lo que determina al público—, un éxito de arte. 

EXITO DE ARTE Y PUBLICO

Y así ha sido. La plaza, llena, y los aplausos en el paseíllo, mientras avanzaba sólo ante el peligro —ante las cornadas de la adversidad— Curro Romero, eran toda una proclamación de esperanza fundada. Y la casi seguridad de que la tarde resultaría redonda.
El rebusco de toros mismo ha producido la multiplicación de la gama de fórmulas de belleza y de manido, de recursos y de imaginación —de la que tan sobrado anda el gran Curro—, pues a cada toro le ha practicado un toreo distinto, aunque igual en lo impecable del estilo y en el valor, mantenido en un grado desconocido, entre la alegría de la plaza que no rozó el aburrimiento y que encontró en, la hora y tres cuartos que duró el festejo la medida exacta del gozo y la emoción. No hubo ni un pase de más ni uno de menos.
Cada toro recibió trato distinto y adecuado, aunque, naturalmente, le llama de la inspiración, calentada por el coraje, alcanzase su cumbre en el segundo, un toro con ímpetu, en el que la faena del camero, perfecta como un soneto, tuvo el estrambote de un talante por parte del torero de pelea valiente. Se diría que en el primero Curro estuvo cartesiano. Una justa lección de cátedra. En el segundo, la norma se hizo pasión. En el tercero, la nota fue la sal hecha recorte. En el cuarto, lo increíble: la valentía y la porfía. El quinto, el natural a un toro que nadie creía que pasaba y que pasó. ¡Vaya si pasó! En el que cerró plaza Curro fue el torero enterado y práctico, que sabe abreviar con asco. Esta fue, en panorama, una actuación brillante, variadísima, de torero completo y artista. Hemos visto a Curro mejores faenas otras veces. Hasta diremos que no ha hecho una, siquiera, de sus grandes faenas. La faena ha durado toda la tarde. Y ha consistido, sin llegar al «do» de pecho, en haber mantenido el tono. El gran tono. O sea la calidad, la maestría y —lo que más le falla— el ánimo. Esto, como nunca. Y si ha sido tan vario, se lo debe a lo vario que ha sido el ganado.

LOS TOROS

Ganado de desigual presentación, aunque, por lo general, cómodo, con peso entre los 468 y los 500. Bravos, los dos de Núñez y suaves. Alegre en la embestida, el de Tassara. Reservón y abueyado, el cuarto, de Pérez Angoso. Bronco, el de Pérez Tabernero. Y nervioso, derrotando,, con las manos por delante, el último de los Herederos de Carlos Núñez. Todos cumplieron con los montados.
En todos, pero especialmente en los tres primeros, que se prestaban más, Curro prodigó su capote en verónicas extraordinarias y usó de las dos manos, aunque con más acierto —salvo en el quinto— la derecha. Y mató con singular eficacia: cuatro pinchazos y estocada; una estocada; una estocada: tres pinchazos y estocada, y pinchazo y estocada. Prueba de que el acero se mostró pronto y certero.

BALANCE

Los premios fueron: oreja al primero; dos orejas al segundo, y oreja al tercero. Pero la ovación señoreó la tarde y no cesó hasta que torero, a hombros entusiastas, dejó la plaza, porque nadie parecía querer marcharse.